La princesa

Y creció y la princesa sólo quería cambiar, esa vida de rosa no pega con el color de su alma y desea pintar la vida de sus colores favoritos…“¿Se rellena el vacío con galletas de chocolate?” preguntaba constantemente a los pajarillos…día tras día suspiraba esta pregunta hasta que por fin tuvo un sueño en el que ella amasaba sus sueños y escogía con qué ingrediente llenarse.

“¡Pajarillos! ¡Lo he averiguado! ¡Sé qué ingredientes dejé en el sótano y olvidé subir pero anoche los soñé y los que me faltan me los he inventado!,” gritaba a voz y grito a los árboles.

“¡Princesa! ¡Cuéntanos!,” cantaban al unísono sus pájaros.

Relató la princesa entonces “en mi sueño he visto mi mundo mientras estaba haciendo el pino y esta posición me ha hecho sentir bien, desde aquí he logrado encajar las piezas de la vida que anhelo. Me he dado cuenta de que el miedo y la debilidad que he sentido todos estos años los he alimentado desde el día en el que alguien escribió que eran obligatorios en esta historia de la que soy protagonista…y desde ese día en el que mi destino parecía haberse decidido, todo en mi vida se fue convirtiendo en el reflejo de esas palabras, mis pensamientos aprendieron a saborear y distinguir sólo el miedo, la inseguridad (suspira) y así fui perdiendo paladar…el sabor del amor, de la seguridad de trazar mi camino con todos los riesgos de que me coma el lobo o de que la Bruja Les me proponga matrimonio, posibilidad esta última que me agrada en exceso (sonríe)”

“¡Princesa!, ¿vas a abandonar nuestro cuento?,” cantaban temblorosos los pajarillos.

“Sí, desde anoche me he repetido y he escrito sin cesar mi cuento, este en el que Soy Capaz y Merecedora de Cambiar mi Actitud ante esta vida aburrida de princesa y para las 8 de la mañana me lo he creído igual que me creí que debía sentir miedo. Regalaré esta nueva historia en la que he reemplazado ese antiguo temor por una nueva amiga: YO. Amigos, me marcho”

Y con su mochila y botas de montaña partió río arriba dónde sabía que vivía la Bruja Les a la que tanto deseaba conocer. Vendió el castillo y su apuesto príncipe volvió a casarse.

Porque somos lo que pensamos, pensemos que somos lo que realmente queremos y sabemos que podemos ser. Sea o no cierto todavía, esta afirmación empleada en momentos repetidos de insatisfacción, salvará nuestra vida porque por fin habremos plasmado en papel que PODEMOS y habremos logrado vulnerar las entradas del “Castillo de los Bloqueos”

Autora espontánea: Susana Díaz García

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